Cuando se habla de proteger los pies, casi todos piensan en el casquillo. Tiene lógica, porque una caja sobre los dedos es difícil de olvidar. Pero muchos accidentes empiezan más abajo, entre la suela y el piso.
Un charco de aceite, una rampa mojada o un piso recién trapeado bastan para una caída. Aun así, la suela es la parte del calzado de seguridad que menos se revisa al comprar. En esta guía te explicamos cómo elegirla según tu piso.
Un lunes cualquiera en el andén
Pongamos el caso de Luis, que trabaja en el andén de carga de un centro de distribución. Llovió en la madrugada y la rampa del tráiler sigue mojada. Luis baja con una caja en las manos, como cada mañana.
Sus tenis tienen casquillo y plantilla antiperforación. Pero la suela ya está casi lisa en el talón. Al pisar el borde mojado, el pie se le va hacia adelante. Por suerte, alcanza a sujetarse del barandal.
Luis no se lastimó, pero la lección es clara. Su calzado lo protegía de un golpe y de un clavo. Sin embargo, no lo protegía de lo que casi le pasa ese día.
Qué cubre la norma y qué te toca revisar
La NOM-113-STPS-2009 divide el calzado en siete tipos. Sus pruebas miden golpes, aplastamiento, perforación de la planta y riesgos eléctricos. Cada tipo se marca con letras, como PP o RP. Pero ninguno se define por el agarre de la suela.
Eso no quiere decir que el resbalón quede fuera. La NOM-017-STPS-2008 pide al patrón revisar los riesgos de cada puesto y elegir el equipo según esos riesgos. Así que si en un área hay agua o grasa, eso debe contar al elegir el calzado. Por eso conviene pedir al proveedor el material y el dibujo de la suela, además del marcado.

Los materiales de suela más comunes
Cada material tiene su punto fuerte. Ninguno es el mejor para todo:
- EVA: muy ligera y con buena amortiguación. Funciona bien en interiores con piso seco o poco húmedo, donde se camina mucho.
- Poliuretano (PU): ligero, flexible y durable. Es común en zapatos de uso general.
- Hule: el que mejor agarra con aceite y en exteriores. Pesa más, pero se gasta menos.
- Suelas de dos capas: juntan una capa ligera para amortiguar con otra más firme para el agarre.
Por eso en almacenes con piso de concreto sellado, unos tenis de seguridad con suela de EVA antiderrapante son muy cómodos. Quien camina kilómetros por turno lo nota al final del día.
El dibujo importa tanto como el material
Una suela con buen material pero mal dibujo resbala igual. Voltea el zapato y revisa tres cosas.
Canales para sacar el agua
Las ranuras que van del centro a los bordes sacan el líquido de debajo del pie. Funcionan como las llantas de un auto en la lluvia. Si la suela es casi lisa, el agua queda atrapada.
Tacos profundos para el lodo
En exteriores, el dibujo necesita relieve alto y separado para que no se pegue el lodo. Por eso en obra y en campo, las botas de seguridad con tacos marcados siguen siendo la opción más segura.
Un tacón bien marcado
Quien sube rampas, escaleras o la caja de un tráiler necesita un tacón con borde. Ese borde se apoya en el escalón. Una suela plana pierde ese apoyo, como le pasó a Luis.
Cuidados para que la suela siga agarrando
- Limpia la suela al final del turno. El aceite y el polvo tapan los canales.
- Revisa el desgaste cada mes. Cuando el dibujo se borra en el talón o en la punta, cambia el par.
- No uses solventes fuertes para limpiarla, porque pueden endurecerla.
- Reporta los derrames. Ninguna suela le gana a un charco de aceite.
Si te mueves entre interiores y patio, los zapatos de trabajo hombre de caña media con suela antiderrapante son un buen equilibrio. Agarran bien en el patio y pesan poco en el almacén.
La mejor suela es la que va con tu piso
No hay una suela perfecta para todos los trabajos. Hay una correcta para el piso que pisas cada día. Primero, identifica si tu riesgo es agua, aceite, lodo o escaleras. Luego, revisa que el par tenga las protecciones de la NOM-113 para tu puesto. Al final, elige la suela que mejor responde a ese piso.
